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El otro día estaba empezando a organizar nuestro viaje de verano y ya tocarán otro tipo de escapadas – seguramente con menos aventuras, o no – pero me paré a pensar en como mis hijas a cada viaje las veo más mayores, de cara pues eso, al viaje de verano, y he estado recordando nuestra última aventura: un road trip en coche por Francia y norte de Italia, durante las Navidades. Pues eso, una familia con dos niñas de 2 y 4 años que – al no tener nosotros uno propio – están más acostumbradas al avión que al coche. Pero es verdad que mi pareja y yo somos de esta generación que todo lo viajó de pequeños, lo hizo en coche, con mapas de Europa papel que ocupaban todo el asiento y que nuestros padres intentaban interpretar a cada parada, casetes de años 90 y sin aire acondicionado, pero muchas ganas de visitar nuevos sitios. Pues nos hemos dicho que se puede, y más ahora que tenemos más comforts, como no. A mi solo me preocupaba la nieve realmente (y alguna que otra enfermedad de pequeños), pero salimos equipados con cadenas por si a caso – que además se que en el norte de Italia en algunas olas de frío es obligatorio – pero no hicieron falta.

La perra se ha quedado en casa pero la verdad es que durante todo el viaje la hemos echado de menos y en muchos momentos nos hemos arrepentido, ya que todos los alojamientos o casi fueron pet-friendly, a lo mejor habría sido un poco estresante el viaje, eso sí, pero la hemos echado de menos, sobre todo a la hora de abrir regalos de Papá Noel y Reyes – que por supuesto hemos llevado desde Madrid -, pero bueno, la próxima no se la pierde.

Pues eso: como siempre me gusta apuntar por aquí – como llamarlos – recuerdos, ¿consejos por si alguien se encuentra en la misma situación?, cosas que me han gustado o no…

Bueno a ver, salimos un 21 de diciembre temprano para llegar a una hora decente a la primera parada que fue Burdeos, unas siete horas.

Premisa obligatoria: me había llevado todo tipo de juguetes para coche, de los que no se caiga ninguna pieza imprescindible y evitar dramas en plena autopista porque nadie puede cogerla, vaya. Pero: han dormido la mayoría del tiempo. De hecho en cuanto se durmieron, a un par de horas de haber salido de Madrid, recorrimos la mayoría del trayecto y entre frontera, paisaje que desde la nieve pasa a las playas del sur-oeste de Francia y un poco de buena música que no todo vaya a ser chuchuwa-soy-una-taza-lulipampin-lucilla-el-payaso-plim-plim, conversaciones de adultos (tenemos que hacer un viaje en autocaravana por el sur-oeste de Francia algún verano que las niñas sean más mayores) se nos hizo bastante ameno llegar. En Burdeos aun era ya de noche, pero pudimos acomodarnos en el hotel, ir a cenar y a tomar una buena botella de vino que fue bien merecida, y descansar.

Por el día estuvimos recorriendo bastante la ciudad – muy bonita – ferias de Navidad, mercados, parques, tiendas y ni decirlo, nos hinchamos a carne de la buena. Sol y frío, todo en orden un 22 de diciembre.

Seguna parada al día siguiente fue Lyon, unas cinco-seis horas, de hecho añadimos parada porque llegar a Italia desde Burdeos era muy largo y solo nos quedamos una noche cerca del autopista, pero he de decir que hemos llegado bien para dar una vuelta hasta en la noria y cenar bien en un restaurante medio italiano que bueno, no nos dio tiempo a encontrar nada un poco más típico y bien está así a veces.

El 24, salimos pronto para llegar bien a Turín, que era uno de los imprescindibles que nos habíamos marcado, yo había estado hace unos siete años, pero nadie de la familia más. Pasar la frontera entre Francia e Italia me ha emocionado bastante, y más con las Alpes allí llenas de nieve, tan imponentes e inmutables.

Eso sí, en Turín nos llovió, mucho, aunque es precioso, incluso con mal tiempo.

La Nochebuena la pasamos de aperitivo a la italiana (a las 6 de la tarde) tomando spritz y zumos con embutidos, queso y picoteo italiano del que me gusta a mi, hecho con cariño y yo fui muy muy muy muy feliz.

La cena bueno, lo que encontramos, en Italia es raro no comer bien aunque sea Nochebuena y no estés en el casco antiguo, así que ni tan mal, pero lo mejor fue el día de Navidad, que aunque lloviera, hemos recorrido bastante el centro, el Parco del Valentino, la Mole Antonelliana, la casa de Vittorio Emanuele II, el Palacio Real, el Museo Egipcio al que quisimos entrar pero siendo Navidad, estaba cerrado.

Comimos divinamente en la Farmacia del Cambio (la parte «taller» del Ristorante del Cambio que tiene estrella Michelín), si lo pienso aun salivo. Mi hija pequeña de dos años se divoró un plato de agnolotti al sugo d’arrosto que había pedido yo, que hemos tenido que repetir y todo – ojalá hubiera dado tiempo a sacar una foto. Di-vi-no. Y con ambiente navideño, aún más.

Al día siguiente, rumbo a Génova: fue espectacular ver como desde un Piamonte lluvioso y rodeado de montañas llenas de nieve, en apenas unos túneles, se llega a la costa: entras con lluvia y nieve, sales con sol y mar. Me ha encantado este tramo, también quizás porque fue de los viajes en coche en los que las niñas estuvieron más tranquilas, quizás se han ido acostumbrando.

En Génova, a parte de ser de mis zonas favoritas de Italia por la gastronomía, tengo yo un pedacito de mi corazón, porque es donde vive mi mejor amiga, pues nos alojamos en su BnB en el centro que por fin conocí (somos más de vernos de viaje a otros lugares y yo no había estado aún). Compartimos la casa – aunque tuviéramos nuestra suite y baño privado – con actores majísimos que estaban allí para una función de fin de año: mis hijas fliparon compartiendo desayuno con ellos y charlas variadas.

El día 27 que es el cumple de mi hija mayor, lo pasamos entre Acquario y trofie al pesto, con tarta, velas, sobre mesa, caffé e ammazzacaffé – como no – parques, tiovivos, caminatas por el paseo marítimo y más spritz y zumos.

Los días en Génova fueron más tranquilos, estuvimos hasta el día 4 y con calma, recorriendo barrios, tiovivos again, comidas relajadas con amigos, hasta llegamos a vernos con unos amigos de Milán, a mitad de trayecto en tren, en el pueblo de Tortona: no es para repetirme, pero allí también comimos divinamente, sobre todo carne. Con frío, pero felices.

Nochevieja con niñas dormidas a las 21h, poder disfrutar de la despedida de año y de recibir al 2026 con mis amigos, entre buena comida y vinos: ¿qué más pedir?

El día 1 lo pasamos en la playa, conocimos el pueblo de pescadores de Boccadasse y comimos allí. Hacía un viento!!

Los días siguientes un poco más de lo mismo, comiendo muchas focaccias y dejado medio sueldo en tiovivos, eso sí, que en Génova están muy guays.

Hemos comido en Eataly: el sitio muy escenográfico y el mercado gastronómico, los helados y los spritz, espectaculares, pero la comida en el restaurante de arriba meh, quizás muy turístico para mi gusto. En Génova se come bien en trattoria (Cavour 21, Vegia Zena, María…) no hace falta mucho más.

Pues el día 4 tocaba regresar a Madrid y volvimos por la otra costa, la este, parando a mitad de camino (otras siete horitas), en Perpiñán. Allí sí que pasamos bastante frío y llegamos ya de noche, casi ni cenamos pero sí pudimos ver las luces y mercadillos.

El último día de vacaciones antes del regreso y ya nerviosas por la llegada de los Reyes, lo hemos pasado tranquilamente paseando con sol, aunque con 0 grados.

¿Y la vuelta? Pues un poco durilla jeje. Suerte que los Reyes trajeron regalos también «de coche» y nos hemos entretenido y que las niñas ya estuvieran un poco más acostumbradas al coche, pero como me pasó también cuando viajamos a República Dominicana, pues yo sí tenía ganas de volver a casa.

En fin, un resumen hecho por inteligencia humana de tips:

  • Llevar regalos de Papá Noel y Reyes, que así no te agobias si no encuentras lo que quieren a última hora. En nuestro caso también el regalo a la cumpleañera, claro;
  • Entretenimientos de coche: pantallas magnéticas con lapiz enlazado, laberintos magnéticos rompecabezas, libros interactivos, libros para colorear – con varios lápices, claro, que a final de viaje se recoge allí abajo lo que no está escrito, playlist según el mood (bailar con las manos, dormir, relajarse, distraerse…), spinners con ventosa y mucho veo veo, claro;
  • Actividades especiales para niños: museo Choco Story de Turín;
  • Actividades especiales también para padres: Tour del vino por Burdeos con cata;
  • Qué tus amigos con los que pases las fiestas se lleven bien con tus hijas y las entretengan un buen rato;
  • Ver la tele o una peli navideña durante alguna tarde de mucho cansancio, también es bien;
  • Cantar en el coche, que no se pierda esta fantástica costumbre familiar.