No somos nuestra imagen en las redes

Al alba del trigésimo cuarto, me entra la inquietud de escribir algunos pensamientos que llevan formando parte de mi día a día ya varios meses.

Ha sido el año más duro de mi vida: “eso es que has tenido una vida muy feliz”, “no es el fin del mundo”, “no se llora por estas cosas”, “hay cosas mucho más graves”, “aparentas mucha más fuerza de la que tienes”. Claro, ahora lo sé, gracias.

Si lo piensas, nada es el fin del mundo, siempre puede ir peor y si miras por el lado correcto, los acontecimientos que nos ocurren en el exterior son infinitamente pequeños, comparados con el universo que tenemos dentro de nosotros mismos. Pueden ser muchos, venir todos juntos o justo cuando no los esperábamos, puede que nos superen en algunos momentos, pero en realidad no son nada. La clave está en el apreciar las cosas buenas de la vida y hacer que crezca este universo. Está claro, pero es verdad que hasta que la vida no te pone delante de la evidencia de tener que pensar así, te quejas. O, al menos, yo me he quejado, he llorado, me he enfadado, me he preguntado porqué.

No soy fuerte, nadie lo es de verdad siempre. No soy mis viajes, no soy mi Instagram, no estoy siempre de vacaciones, no tengo la mejor vida del mundo. Si lo piensas, ni las empresas muestran todo en sus redes sociales. A lo mejor no siempre y solo lo bueno, pero nunca todo. ¿Cómo va a mostrar todo una persona real?

Me diréis “bueno, Chiara Ferragni lo hace”, pues no, ni ella (jaja).

¿Hace falta de verdad poner las fotos de un hospital o un llanto en lugar de una sonrisa, para ir más allá de las imágenes?¿En eso nos hemos convertido?

¿O es que no conseguimos contar hasta 10 antes de decirle a una persona lo mucho que la envidiamos sin saber por lo que está realmente pasando?

No será que estamos todos tan acostumbrados a vivir esclavizados en una oficina 10 horas al día, que cuando vemos una persona que viaja, ¿creemos que no trabaja? Creemos que no tiene preocupaciones, creemos que no está arriesgando su vida y que no tiene miedos, que duerme 8 horas tranquilas cada noche, ¿verdad?.

Gente que va más allá. Eso quiero yo en mi trigésimo cuarto año de vida. Nada más.

 

 

 

 

 

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