Call me by your name – Llámame por tu nombre

Pues ya volvemos a escribir un poquito… Decir que como buena italiana que soy no pude ignorar el peliculón que es “Call me by your name“, aunque al parecer el director (siciliano) tuvo que irse a Estados Unidos para realizarla, nemo propheta in patria, ya sabéis.

Para entrar en materia, Call me by your name, aunque seguro que ya lo sabéis, es el gran drama de amor de Luca Guadagnino que tiene cuatro nominaciones a los Oscar de este año 2018: mejor película, mejor actor (Timothée Chalamet – buenísimo), mejor guion adaptado (a James Ivory) y mejor canción: “Mystery of Love (de Sufjan Stevens), aunque yo le habría nominado por la fotografía también: no he visto aun Blade Runner 2049, ni El instante más oscuro, ni La forma del agua, que seguro que prometen, pero vamos idea mía, además, el día que pueda decidir las películas nominadas para los Oscar, os avisaré!

(Y ahora puede que haya spoilers…)

Si bien es verdad que toda la peli es un homenaje estético para los artistas preferidos de Guadagnino (Bernardo Bertolucci in primis, pero Rossellini y Renoir también – Yo le he visto bastante Godard), me parece que consigue trazar y seguir su propio camino. Los espectadores la han definido como “devastadora”, quizás por la manera (lenta) de llegar al climax del filme, que es lo que en realidad provoca esta emoción y empatía con los protagonistas que todo director anhela en algún momento; o quizás sea por la nostalgia a los años ’80 en los que todo a lo mejor era mucho más romántico, espontáneo, bonito… (¿?), o quizás por el propio espectador, que no tiene adonde ir y sufre, se enfada, se aleja, vuelve, goza y llora, junto al protagonista: razón por la que creo que Timothée Chalamet debería ganar el Oscar, aunque tengo pocas esperanzas.

Yo no lloré. Quién me conoce sabe que raras veces lloro en el cine. No lloré al final, al menos, pero sí que estuve a punto durante el discurso del padre a Elio. Me encantó la representación de toda esta familia: abierta, sin complejos, feliz y agradecida, que sabe hablar de manera asertiva y sabe lo que es el respeto por las personas a las que amamos; características que muchas veces el afán por la cultura y la cercanía a distintas culturas ayuda a conseguir.

Se puede definir como una obra de arte en sí, o como un triunfo de la belleza, y por belleza no solo me refiero al aspecto de los personajes, sino que eso, a la mente, al alegría que se percibe en esta casa, a la serenidad que se respira, a pesar del duelo, del deseo (mental y físico) no (siempre) cumplido o apaciguado.

Sin mencionar las ganas que me han entrado de ir a vivir a un pueblo tan pequeño que no tiene ni oficina del banco y poder desayunar zumo de albaricoques de árbol recién recogidas, lo que es un contorno de la peli, pero me impactó mucho, porque creo que es una metáfora de la historia de amor, es el arte clásico (en las primeras imágenes aparece el Satiro Danzante, que recomiendo muy mucho ver, si os animáis a viajar a Sicilia), y me parece que Guadagnino, como buen italiano en el extranjero, tiene esa mirada de nostalgia y orgullo, que me suena de algo.

¿Quién la definió como una simple “historia de amor homosexual?

Os dejo con la canción que por cierto, desde anoche, no consigo parar de escuchar:

 

Recomendada, 200%.

 

 

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