Gomorra: la serie

He visto algo que no puedo dejar pasar sin escribir…

Después de haber leído Romanzo Criminale, visto la película y la serie, haberme enamorado de sus guiones, de una estupenda Roma que hace de marco a unas historias de otros tiempos, haberme enamorado de los gritos, de los malos acentos y de las formas de los protagonistas de ser tan malvados y guapos a la vez, gracias sobre todo a lo bueno que son los actores de la serie (la peli no me ha terminado de convencer), hoy me quedo atrapada por Gomorra (la serie).

El libro me gustó y la peli no me convenció. Siempre he tenido gran admiración hacia el hombre, Roberto Saviano, incluso cuando se podía pensar que lo hizo todo por popularidad, siempre he sido gran fan de su coraje periodístico y recuerdo haberle escuchado en una charla en Barcelona, sobre las nuevas tendencias de los bosses de la nueva camorra: gafas de sol, pelo perfecto, cuerpos cuidados y guapos hasta decir basta…
bueno, unos más que otros, evidentemente. En una palabra: divismo.

Me recordé de eso viendo Romanzo Criminale y más ahora viendo Gomorra, sólo que en el primer caso hablamos de la “Banda de la Magliana” (años ’70-’80) y el mito forma parte de la manera de contar la historia: en la representación (serie y peli), pues normal que fuesen atractivos.. Recuerdo haber perdido la cabeza por Il Freddo (el gran actor Vinicio Marchioni), tanto guapo como cruel, pero eso fue después de (al menos) la primera temporada; ahora, ¿por qué al cuarto capítulo de Gomorra, ya sueño con Ciro l’Immortale? Igual es que me ha atraído más la atención por ser cosa de nuestros tiempos. De Roma a Nápoles, la mala vida que se lleva en mi país de origen siempre me toca un poquito la fibra. Un poquito no, mucho.

Y es que vale en los ’70, que los personajes de Romanzo Criminale se mataban entre ellos, pero ver en Gomorra, que bajo nombres falsos cuenta historias que sí suelen ocurrir en algunos barrios de Nápoles a día de hoy, tanta sangre, duele. Duele por ser siciliana y haber visto cómo la mafia mató en los años ’80 y ’90 y porque no se puede seguir matando así en un país que se supone civilizado. Ya no somos animales, pero tampoco es que quiero escribir de eso. Quiero escribir porque una vez más lo que llega desde mi país me emociona y me duele al mismo tiempo y eso quiere decir que está bien hecho.

Descubro hoy en el personaje de Ciro un actor que se llama Marco D’Amore, y que ha trabajado con Toni Servillo (investigaré más, como no…) que interpreta todo lo peor de ser un camorrista en sus ojos tan cargados de fiereza y brutalidad, que parece salir de una tragedia de Shakespeare. Y luego el verdadero protagonista: el barrio. Niños ya mayores y dramas de madres desesperadas. Vale todo en la serie, hay todo lo travieso que puede llegar a ser la mafia. Sentimientos iguales y contrarios de fuertes: Ciro llora por sus amigos, y besa a sus amigos, con la misma intensidad con la que dispara a sus enemigos, y eso hace su personaje humano.

Ahora, pero, dejarme hacer la pregunta del millón. ¿Esta moda de llamarse “Genny” entre los Gennaros de Nápoles es cosa reciente?

¿Nos imaginamos un “San Genny” que hace el milagro de la sangre, el 19 de Septiembre? ( http://es.wikipedia.org/wiki/Jenaro_(obispo) )

Y sobre todo: ¿Se le puede llamar Genny a uno así?

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